Impagable, como casi siempre, el último post de Casciari, del día 3 de octubre, en Orsai. En él, Hernán nos brinda a todos, mal que le pese -mas seguro estoy que nada le pesa- la mejor de sus caras. La que tuvo a bien ofrecerle a la humanidad el año 77, en Mercedes, el día es incierto, arropado por sus condiscípulos de primer grado de primaria en la foto de la clase

http://orsai.es/2007/10/un_corto_y_enseguida_volvemos.php

Maravillosa instantánea -aunque ya lo he dicho no me cansaré de repetirlo- que el pibe utiliza para comentar -con la delicadeza e ironía a las que ya nos tiene habituados- de lo desalentadora que acostumbra a resultarnos nuestra propia imagen cuando la vemos plasmada en papel.

Y que yo, a mi vez, aprovecho para relatarles un cuento breve que esta vez no es mío sino de Rafael Azcona (guionista del director de cine español Luis García Berlanga a la sazón papá del finado Carlos Berlanga a la sazón alma mater del grupo musical Dinarama) acerca de la fotogenia. La anécdota forma parte de una película dirigida por el segundo de ellos titulada "Moros y Cristianos" (dejo aquí constancia).

Se contaban en la cinta las andanzas de una familia de turroneros alicantinos de rancia estirpe (Berlanga es valenciano y ejerce como tal) que tratando de subirse al -por aquellos días exitoso- carro de la mercadotecnia para no perder ventas, encargan a un consultor de mercados la elaboración de unos carteles y un video con los que promocionar sus productos.

Les convence este consultor, un vivales -el inefable López Vázquez- de que los personajes intervinientes en el vídeo de marras habrán de ser -siguiendo una moda entonces en boga- los mismos integrantes de la familia confitera: padres, abuelos, hijos, nietos.... salvo, eso sí, un hijo mozallón del empresario, que por ser ligeramente retrasadillo, un borderline que se diría ahora, honor que le correspondió en el reparto interpretar a Andrés Pajares, debería ser sustituido en los rodajes por un profesional del medio. Decir, aquí, que el ínclito Pajares -bobalicón medio avispado, como es- se pasa toda la película de Berlanga en chándal tocándole el culo a la mucama de la casa. ¡Vaya, algo así cómo un Hernán crecidito!. ¡O cómo quién les habla!.

Terminado el rodaje del spot y reveladas (entonces se usaban todavía los carretes plásticos) las fotografías, se presenta en la mansión de los turroneros, López Vázquez con los frutos de su obra. Lo primero que exhibe ante los distintos miembros de la familia es una gran foto mural en la que todos ellos posan unidos, y sonrientes, en el gran salón de la casa. Una foto que en su momento, se tomó mil y una veces en orden a poder conseguir que en alguna de las instantáneas resultantes del revelado a los modelos les cupiera mostrar la mejor de sus caras.

La van examinando uno tras otro y a nadie convence. Todos, ellos y ellas, se ven a si mismos.. ejem.. feos, poco favorecidos. Todos vienen a considerar, uno tras otro, que en la realidad poseen unas facciones mucho más gratas que las que en esos instantes les está ofreciendo a la vista la imagen que tienen delante suyo.

¿Todos todos...?. Bueno, no exactamente. Pajares, el chancho de Pajares, que durante las sesiones finales de posado y rodaje ha sido sustituido, sin que él se entere, por un apolíneo modelo sueco vestido eso sí -como no podía ser de otra manera- con su sempiterno chandall, lejos de enojarse, al momento de mirar la instantánea, exclama rotundo, en voz alta para que los demás puedan oirle: "¡yo, en cambio, he salido igualico!".